Sectas en el mundo

Secta es:“Una doctrina religiosa (y sus adeptos) que se apartan de lo tradicional u oficial”. Así, todo lo que no sea religión mayoritaria o popular, se considerará secta, dependiendo de la cultura y su tradición religiosa, o de la religión oficial reconocida por el Estado,En esta definición, se transfiere completa a las minorías religiosas que se etiquetan así la connotación negativa que dicho término ha acumulado a través de la historia. Recordemos, sin embargo, que el valor simbólico negativo de la palabra secta, actualmente, abarca no sólo la idea de “error doctrinal”, sino sobre todo, desde hace poco más de dos décadas, se asocia a grupos de conducta peligrosa y antisocial.En este contexto, la palabra secta se usa como arma para descalificar a priori a “los otros”, los de ideología religiosa diferente, indistintamente de que su trayectoria social sea inocua o hasta positiva. Asimismo, se utiliza como falacia de etiqueta, y coloca un estigma que fomenta la intolerancia religiosa, y evita a las religiones tradicionales mayoritarias —o de Estado— el trabajo de refutar con argumentaciones serias, las posturas ideológicas de otros grupos que tienen el mismo derecho de ejercer la libertad de creencia y propagar sus propuestas. “Los perjuicios o trastornos psicológicos que acaban realizando las sectas destructivas sobre sus adeptos abarcan un amplio espectro de la patología clínica médica y psicológica, desde niveles leves hasta otros muchos más graves e irreversibles. Las consecuencias sobre los niños suelen ser catastróficas por su inmadurez e incapacidad de defenderse”. El tema de las Sectas Destructivas, o también llamadas Sectas Religiosas Destructivas, plantea no sólo un problema social de índole delictivo, de estafa y evasión a la hacienda pública, o de penetración en los diferentes sectores de la sociedad, entre otros muchos sino, fundamentalmente, un problema de salud pública. Porque las sectas destructivas a fin de cuentas son única y exclusivamente eso: Un auténticos problema de salud que está afectando cada vez a mayor número de personas de nuestra sociedad, y que detrás de esta captación de adeptos solamente existe un único y principal motivo: El dinero. Sin embargo, dentro de la variedad y formas delictivas que las sectas destructivas acometen contra la sociedad, cabe resaltar dos por su amplia envergadura y su enorme peligrosidad. El primero de ellos es la cada vez mayor infiltración de las Sectas Destructivas en los distintos poderes y esferas sociales, destacando especialmente el político, judicial, la abogacía, el educativo y, sobre todo, el empresarial e industrial. El segundo, si no fuera por lo patético y crudo de su realidad, movería quizás a la incredulidad. Se trata de las consecuencias negativas y graves de los niños que nacen dentro de la mayoría de Sectas Destructivas, o bien son criados y se desarrollan dentro de su ámbito. Los niños son "educados" (si a ello se le puede llamar educación) dentro del represivo, contraproducente y estrecho marco doctrinal del grupo sectario. Y es precisamente aquí donde radica el peligro: "A estos niños se les acaba incapacitando totalmente para cualquier posibilidad de integración al medio social, cultural y educativo exterior y ajeno a la secta. Los niños no viven su niñez de una manera normal sino enormemente nociva: La fuerte carencia de estímulos, la supresión y manipulación de las emociones y la prohibición de exteriorizarlas libremente, el deterioro en el crecimiento psicológico, la incapacidad de discernir lo que es correcto de lo incorrecto, la nula o escasa escolarización, los abusos sexuales y palizas pero, sobre todo, las alteraciones y problemas de tipo psicológico que va sufriendo el infante desde su más temprana edad. Se podría mencionar los sentimientos de culpa, los estados de ansiedad, inseguridad, miedos irracionales, insomnio, sentimientos depresivos, y un largo etcétera. El ámbito de las Sectas Destructivas no es un fenómeno que abarque solamente un lugar geográfico determinado, sino que es extensible a la práctica totalidad de los países del mundo. Hay que destacar, por su importancia y gravedad, que una de las zonas geográficas mundiales donde mayor es la penetración, asentamiento y crecimiento de las Sectas Destructivas es América Latina, siendo México, Brasil, Venezuela, Guatemala, Argentina y Uruguay los países latinoamericanos que más están sufriendo este fenómeno totalmente negativo. El peligro de las Sectas Destructivas no es algo ficticio, imaginario sino, desgraciadamente, algo real que está aumentando continuamente, y salvo contadas excepciones, ante la pasividad, ignorancia e incompetencia de los poderes estatales y locales correspondientes. Uno de los hechos que más llaman la atención es que algunas Sectas Destructivas han conseguido perfeccionar de tal forma sus campañas de relaciones públicas, que han llegado a conseguir un alto grado de aceptación social, incluso entre los profesionales más cualificados. Llama la atención que cada vez más profesionales de sólido prestigio suelen asistir a conferencias, cursos y seminarios patrocinados por determinadas Sectas Destructivas (destinadas a científicos, abogados, médicos, psiquiatras, psicólogos, políticos, clérigos, académicos, etc.) a las cuales les están otorgando un aire de legitimidad. A pesar de que estas personas no saben o no les importa la vinculación que las sectas destructivas tengan en tales actos o reuniones, su simple presencia en tales actos puede ser interpretado como una aprobación indirecta a las actividades de las mismas. La diversidad de actos delictivos imputables a la mayoría de las Sectas Religiosas Destructivas es enorme; prácticamente abarcan todo el espectro de delitos de cualquier código penal. Delitos como el tráfico de armas, venta de bebés, evasión de divisas, asesinatos, narcotráfico, prostitución obligatoria, amenazas, envenenamiento, estafa, contrabando, agresiones, robo, abusos y violaciones sexuales, secuestro, etcétera.

Afefé Ikù (Vendabal de muerte)

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Iyamioya en Bahia de todos los Santos

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