La violencia comienza en las casas o las escuelas???

La violencia a edades muy tempranas es una hidra venenosa que se metarfosea en adolescentes púberes en nuestro pais.
La edad para delinquir se ha rebajado tanto que algunos juegan a las máquinas de exterminio en un centro recreativo y luego se entretienen en el recreo urbano con artilugios que escupen muerte y desolación. La sociedad intenta poner freno a tanto desbarajuste delictivo y lucha por enderezar  la ley del menor y así evitar episodios sangrientos.
Hoy en dia un menor comete un delito,y la ley los ampara,y simplemente se aprobechan de eso!!!
Hoy en la calle con un niño que te roba tu celular,tu cartera y hasta tu auto,y hasta te quita la vida por 2$
Hay quien piensa que el problema asoma su pespunte dramático en el seno familiar y en la escuela. La escasa formación ética, la imposibilidad para distinguir el bien del mal, o quizás un instinto asesino imputable al infante-adulto, determina crímenes abyectos que se escapan al control social.
Empiezan a surgir figuras relevantes dentro del entramado educativo para corregir los sarpullidos de violencia. Los disturbios escolares proliferan como los derechos del alumno, y los profesores inventan la figura del “mediador de conflictos” que es como un interventor de la paz en el aula.
Colegios e institutos ponen medios para mejorar el clima estudiantil que anda revoltoso y díscolo con la convivencia.
Los escolares analizan su rebeldía con el pesado macuto que distorsiona sus espaldas y el ambiente diluido de la disciplina. En la enseñanza secundaria se dan más brotes de violencia y la camaradería entre profesor y alumno deriva en falta de respeto o lo que es más grave: en un ‘pescozón’ al maestro por ejercer el privilegio de su cargo.
El alumno arrincona a su tutor con un código de improperios y el poderío de su corta edad, los padres, recriminan a estos angelitos -tolerados con paciencia exquisita- que aterrizan en clase con chulería mafiosa conminando al maestro en el aprendizaje de una nueva asignatura: ‘la sumisión al alumno’. Por este motivo muchos profesores optan por el lema: “en mi clase no hay problemas”. Evitan comentarios de sus compañeros de profesión y malentendidos sobre su capacidad didáctica. Y resulta lamentable el sentimiento de culpa y la carga moral del “todo va bien” aunque la clase sea un estadio olímpico. Los menores son tornados en el aula y arrasan la pirámide social en la calle.
No hay solución a corto plazo, y la supervivencia emocional de la escuela fructificará en armonía, si los centros educativos logran enderezar estos niños eliminando las plagas de violencia. Un espejo sensible al estado de alerta en una sociedad ahíta de sangre.

Afefé Ikù (Vendabal de muerte)

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Iyamioya en Bahia de todos los Santos

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